Pastoral
01-04-2026
Hosanna en el Cielo
Las escuelas del Domingo de Ramos le pedimos a Jesús que nos libere de una educación que aplaude valores que no encarna, que pronuncia palabras nobles como inclusión, comunidad, fe, justicia, pero no tolera el tiempo lento que exige hacerlas carne. Que nos libere de convertir lo profundo en consigna, y lo evangélico en decoración institucional.
Porque el Domingo de Ramos no revela solo quién es Jesús, sino quién es la multitud… y, por lo tanto, quiénes somos nosotros.
Le pedimos que nos libere de la necesidad de un Mesías funcional a nuestras expectativas: un Jesús que resuelva, ordene, calme, garantice resultados. El que entra en Jerusalén no responde a esa lógica: desarma. No se impone, se ofrece. No organiza desde el poder, sino desde la entrega.
Y eso, en la escuela, a veces incomoda.
Incomoda porque rompe la obsesión por el control, por la eficiencia inmediata, por el éxito medible. Nos deja frente a otra pedagogía: la del vínculo que no asegura resultados, pero transforma; la de la presencia que no se impone, pero permanece.
Le pedimos, entonces, que nos libere de la ilusión de formar desde arriba, sin dejarnos afectar. Que nos quite la distancia cómoda del rol, para entrar como Él, en la trama real, contradictoria, a veces caótica, de la vida de nuestros estudiantes.
Y, sobre todo, le pedimos que nos libere del miedo a un estilo de escuela que no siempre será aplaudido. Porque educar desde el Evangelio no garantiza “hosannas”. A veces conduce al silencio, a la incomprensión, incluso al aparente fracaso. Pero es allí donde se vuelve verdadero.
Que nuestras escuelas no sean solo las que saben recibir a Jesús con ramos y mantas, sino las que están dispuestas a caminar con Él cuando ya no hay multitudes.
Boletines de Prensa
2026